Mostrando entradas con la etiqueta Diario de una terapia.. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Diario de una terapia.. Mostrar todas las entradas

viernes, 10 de mayo de 2013

Yo me veo, pero cuando los demás me ven, dejo de verme


"Yo me veo pero cuando los demás me ven, dejo de verme".


Esta frase podría resumir muy bien como me siento últimamente y me atrevería a decir como ha sido toda mi vida. La expresión salió en una de las sesiones de terapia, y creo que aun intento digerirlo, porque es la forma más absurda o, tal vez, cruel de boicotearme.
Explico el contexto: en el último año me he sentido y me siento perdida, concretamente en el ámbito laboral. La maternidad y mi dedicación a ella exclusiva ha puesto en un brete mi camino profesional, que sumado a mis más recónditos diablos de inseguridad, lo hacen casi intransitable.
Es hora de volver al mundo laboral y os puedo asegurar que no tengo ni idea de hacia dónde ir, por un lado volver a mi trabajo de antes me produce una enorme inseguridad pero además desde que soy madre me cuestiono mucho si realmente quiero volver; por otro lado, la maternidad me ha enseñado una parte de mí que me gusta y a la que me gustaría encaminarme: la crianza natural. Pero como en todo hay muchas formas: doulas, madres de día, etc. ¿Donde cuadro yo en todo esto? Ni idea…
En estos momento para mí es muy complejo discernir que es fantasía y deseo, y por tanto, más difícil aun decidir hacia dónde ir.
Muchos pensareis en lo absurdo de la situación pero cuando te has sostenido toda la vida del reconocimiento externo, cuando lo ves tan claro, todo se complica. Y es aquí donde aparece el "yo me veo pero  cuando los demás me ven, dejo de verme". La paradoja está servida en frío  tengo una idea pero necesito la aprobación del otro, cuando la obtengo, ya no vale la idea, ya no me alimenta, me hago chiquitita, lo vivo como una expectativa sobre mi persona, siento que se me va a juzgar y eso me angustia, pienso en la decepción del otro, me paro, me bloqueo, y en ese proceso me olvido de mí. 
Me resulta curioso y doloroso ver como esto fluye y aun poniendo conciencia, siento que no avanzo.

lunes, 15 de abril de 2013

MI SILLA VACÍA.

¿Qué es la silla vacía? No puedo, ni quiero hacer una aproximación teórica de lo que es, sino que me interesa más hablar de la silla vacía desde mi experiencia dentro de mi proceso personal y mi terapia.

En algunas sesiones y ante algunos temas que me inquietan o en los que ando bloqueada (aunque no conozco el criterio exacto), mi terapeuta se levanta de su silla para sentarse en una tercera dejando frente a mí un espacio vació,  una silla, un lugar que pronto estará ocupado. En ese momento me invita a expresar, entablar un dialogo con esa inquietud, es entonces cuando pienso y digo: no sé hacerlo, lo voy hacer mal; para acabar pensando en: qué vergüenza que tengo que hablar sola.

Titubeo un rato, mis primeras palabras son bajitas hasta que el vació de enfrente cobra sentido, toma forma, suele aparecer una parte de mí, a veces es abstracto otras es más clara. Con cautela aun, se me invita a sentarme al otro lado y contestar a esas primeras palabras temerosas, es aquí cuando siento que todo empieza a fluir, ya me da menos vergüenza y las palabras salen solas sin mucha elaboración en mi cabeza; es como una parte más irracional. Esto me da paso a volver a mi silla anterior la que ocupo todas las semanas pero ahora está más relajada dentro del dialogo y puede conversar. A menudo se establece en mí una polaridad de la que suelo asustarme por ver un lado muy tirano conmigo, bastante desconocido hasta ahora, y una niña que reclama atención y mimos. Mi niña quiere ser espontanea, egoísta  juguetona, incluso picara, por no decir  un poco "hija puta"; pero la que se sienta cada semana dice, No, has de ser buena niña, caer bien, gustar, amable, sufrida, sacrificada si quieres que te quieran. Podéis imaginar cómo se siente la niña, como todo niño, anhela que la quieran; ¿quién gana la batalla?
Hace muchos años la batalla no existía porque a esa niña no se la dejaba hablar, ahora no importa quién gana, ahora importa que la niña habla, se queja y patalea, como cuando veo a mi hijo o un niño con la rabieta.

Mi silla más dura.

Tal vez os resulte extraño tanto como lo fue para mí. Tengo terror a morir y donde más se esclarece esto es en mi miedo a volar, es irracional, no atiende a argumentos, es la situación en la que mi mente no puede escapar a su mundo de fantasía y tiene que reconocerse como mortal. 
Este miedo me llevo a dialogar, en la silla vacía, con la muerte, os parecerá tan extraño como a mí pero, enfrente tenía ni más ni menos que a la parca negra. Pasmosamente esta no fue como yo creía, apenas me prestó atención en el dialogo y se partió de risa; lo curioso es que esa figura abstracta de la muerte no dejaba de ser yo misma, lo que me permitió escuchar una parte de mí que no había querido oír.

lunes, 8 de abril de 2013

QUÉ TERAPIA ELEGIR

Llegado el momento de elegir terapia.

Una vez que decidí ir a terapia, llegó el paso que a mi entender es el más importante y necesario, elegir que terapia quiero hacer y el terapeuta. Personalmente en este tema creo que uno debe buscar más por intuición ya que en un proceso personal es fundamental sentir que la persona con la que estamos trabajando es la adecuada para nosotros, pero también hay que tener alguna idea de lo que buscamos. 


Lo primero que hay que saber son los tipos de terapia más comunes, los más conocidos son el psicoanálisis y la terapia cognitivo-conductual. La primera creo que tiene una connotación bastante negativa en nuestra sociedad tras la difusión poco acertada de esta corriente; la segunda muy extendida y valorada; rápida y eficaz, tal vez; pero  para mi no deja de ser un parche puntual, no existe profundización ( Jorge Bucay en uno de sus libros cuenta muy bien un chiste sobre las distintas terapias).

Así es como llegué al segundo bloque de terapias menos conocidas, no tan académicas  pero que me sonaban más cercanas: Gestalt, Sistémica, Transpersonal, Asesoramiento filosófico, etc.
Me encantaría poder contaros algo sobre cada una de ellas pero no me siento capaz de poder realizar un acercamiento real sin correr el riesgo de equivocarme en mis afirmaciones. 

Como veis, lejos de ser una experta en estos temas, consulté y miré algo. Finalmente me decidí por terapia Gestalt; me acerqué a ella por familiares y amigos y me gustó el planteamiento de la relación de ayuda y de la terapia como proceso personal de autoconocimiento.
Más allá de mi experiencia, como he comentado al principio, uno debe decidir en función de su instinto.

Recomendación de Terapeutas  Gestalt en Madrid.

José A. Mediavilla de Roa. Psicólogo y Terapeuta Gestalt. 

Mercedes Zurdo. Psicóloga, Experta en Adicciones y Terapeuta Gestalt.

Tania Cantón. Psicóloga, Sexóloga y Terapeuta Gestalt.

Raquel Arguelles. Psicóloga, Mediadora familiar y Terapeuta Gestalt.

Javier Castilla. Terapeuta Gestalt y Pedagogo.

*Si queréis los teléfonos poneros en contacto conmigo.


LA GRAN DECISIÓN


Cuando decidí ir a terapia...


Tras muchos años de aparente normalidad y de repetirme a mi misma que yo no necesito terapia porque soy autosuficiente, nació mi hijo para enseñarme la humildad de dejarse ayudar y, sobre todo, de parar y decir: es hora de empezar a mirar más allá de lo aparente, en esa sensación incomoda con la que a menudo vivimos, a la que no solemos ponerle nombre.

Aún me cuesta explicar por qué voy a terapia. Mucha gente cuando lo hablas con normalidad te preguntan ¿pero qué te pasa? y lo más curioso es que no se trata de qué me pasa como un hecho aislado y puntual, como el que tiene una contractura y el fisioterapeuta se la quita en un par de sesiones, no, no se trata de eso, por suerte para mí, se trata de algo más sincero y duradero, es un aprendizaje constante de uno mismo, es un viaje a los submundos personales increíbles, es empezar a sentir que vives tu historia y no que sólo la lees. 

Así fue como tomé la gran decisión de ir a terapia.

Por ello, doy gracias a mi hijo  que me enseñó esto tan importante para mi y que creo que debería ser importante para todos.
Con esto empiezo mi diario, el diario de las cosas que van surgiendo en la terapia, que voy identificando y que creo que puede ayudar a otros.